Ejercicio
Siempre odié el gimnasio. Las máquinas, el sudor, la gente mirándose al espejo... No era para mí. Y como “no iba al gym”, asumí que era una persona sedentaria. Error garrafal.
El redescubrimiento del movimiento
Un día, por pura casualidad, bailé en una fiesta durante dos horas seguidas. Estaba exhausta pero... feliz. Y me di cuenta: no odiaba el ejercicio; odiaba el gimnasio.
Alternativas que encontré (y amé)
- Caminar: 30 minutos diarios, a buen paso, con buena música o un podcast. Simple y efectivo.
- Bailar: En la sala, con amigos, en clases de salsa. La alegría hecha movimiento.
- Yoga: No el de Instagram; el de mi sala, con video de YouTube y ropa cómoda. Conexión cuerpo-mente.
- Natación: El agua es mi elemento. 30 minutos de nado son meditación en movimiento.
- Jardinería: Sí, contar como ejercicio. Cavar, cargar tierra, regar... es más activo de lo que crees.
“El mejor ejercicio no es el más intenso; es el que realmente haces.”
Cómo encontrar tu movimiento ideal
Piensa en qué hacías de niña. ¿Bailabas? ¿Correías? ¿Nadabas? ¿Trepabas árboles? Eso te da una pista. Luego prueba sin expectativas. Si no te gusta algo, cambia. No hay regla que diga que debes hacer lo mismo siempre.
Hago algo diferente casi cada día. Y esa variedad, lejos de ser un problema, es lo que me mantiene enganchada. El movimiento es vida. Encuéntralo.