Reflexión

Hay personas que llegan como tormenta: agitan todo, mueven fichas, te sacuden. Y hay personas que llegan como brisa: suaves, constantes, reparadoras.

Ambas son necesarias.

Las personas tormenta te enseñan resistencia, límites, fortaleza. Te muestran lo que no quieres y, por contraste, lo que sí mereces.

Las personas brisa te enseñan ternura, confianza, paz. Te muestran que hay formas de amar que no duelen, de conectar que no agotan, de estar que no asfixian.

“Agradece a quien llegó como tormenta por hacerte fuerte. Agradece a quien llegó como brisa por hacerte suave.”

No juzgues las conexiones que haces. No todas están hechas para durar siempre. Algunas están hechas para enseñarte algo específico y luego seguir su camino. Y eso no las hace menos valiosas.

Hoy, piensa en las personas que han cruzado tu vida. Las que siguen y las que ya se fueron. Todas te dieron algo. Todas te dejaron algo. Y por todo eso, merecen tu gratitud.

Que tu corazón siga abierto a quien necesite llegar. En el momento justo, siempre. 🦋